Acabo de hablar con una amiga acerca de algunos problemillas que ha tenido con su pololo y es el mismo disrcurso que se repite. Distintos protagonistas, detalles diferentes, sin embargo, el fondo es el mismo.
Cuando uno ha llegado a establecer realciones más grandes, con proyecciones y que son más que un pololeo se presentan esas miles de diferencias, problemas, detalles que nos indican que no es un camino fácil.
Si antes pelear porque llegaste tarde a una cita, porque olvidaste llamar era común, te aviso que lo que viene es peor.
Temas como la libertad, el compromiso e incluso la forma de ver la vida hacen detonar lo peor de nosotros. Ese pololeo lleno de romanticismo nos hace caer en una realidad que, a veces, no es muy alentadora.
Y qué pasa con los hombre hoy? acaso no existe uno que no sea una carga?. Yo por lo menos no conozco. Ni los que me han tocado, ni a las parejas de mis conocidas y a todos los niveles de compromiso.
Quizás la culpa es de nosotras.
Cuando comenzamos a salir y conocemos a alguien, y en algún minuto llegamos a ver algo que no nos gusta, siempre creemos que podemos cambiarlo o mejorar, que cuando se de cuenta del amor que le tenemos por arte de magia va a desaparecer.
Les cuento que no es así e inclusive, cuando ellos se sienten seguros de nuestro amor se relajan de tal manera que desaparecen los ramos de flores, las cartas de amor, desayunos en la cama, etc.
Yo recomiendo ponerse las zapatillas de clavo y salir corriendo.
Cuando están los sentimientos involucrados es muy complicado renunciar al proyecto que tenían en común, por lo que se da inicio al empecinamiento o "velo del amor" como dijo una amiga por ahí, que nos cubre los ojos y nos hace soportar las cosas mas idiotas, las justificaciones más burdas, hacer los sacarificios más estúpidos por amor. Y uno se siente bien, porque lo ama.
Mil veces he escuchado: "voy a mejorar", "lo estoy intentnado", "tenemos distintos ritmos", "esto es nuevo para mi", "enseñame".
Esto es cuando uno les explica y pide cosas, pero ahi en coincidir con el idioma que habla nuestro interlocutor es otra cosa. Si lloramos, los manipulamos. Si gritamos, los agredimos. Si hablamos calmado, piensan que no era tan importante. Si le explicamos paso a paso, los tratamos como estúpidos. Y siempre, siempre lo inventamos, está en nuestra cabeza o son las hormonas.
No toca cargar con sus trancas amorosas, familiares, laborales, su sindrome de peter pan, con sus amigos, y toda la historia que los hace ser tan imperfectos, discapacitados emocionales, insensibles y testarudos, por que si no tienen una de estas caractersticas tienen otra, y cuál de todas peor.
Si llegamos al punto de poner las cartas sobre la mesa y exigir lo que queremos, debemos considerarnos valientes. Pero, también está el riesgo de quedar sin nada y cuando le pedimos que nos siga, él se quede ahí y tengamos que seguir solas.
Estoy dispuesta a eso... por ahora tiempo y espacio.
Y si no existe... me da lo mismo.
No le temo a la soledad
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